Escritores, escribidores y negociantes

Escritores e Internet

Hay un contraste alarmante entre los que creen escribir bien, o se llaman escritores, los que escriben efectivamente bien y los que han tenido éxitos en las ventas de sus libros. Son éstos grupos diferentes entre sí y tienen, como "sustancia" común, la argamasa formada entre los comentarios venidos desde los críticos y la llamada opinión pública respecto a un "todo textual" que ha logrado "mostrarse" de alguna manera ya sea en los formatos clásicos o en los modernos soportes electrónicos.

Los escritores los son aunque no sean reconocidos universalmente. Esto hace falta decirlo porque suele acontecer que, ante la duda del valor de la opinión personal, el lector prefiere abandonar este juicio al criterio de los números. Veamos aquí un ejemplo dialogado:

  • Oh sí, es un excelente escritor. Ha publicado varios libros
  • ¿Qué titulo me recomiendas?
  • No he leído ninguno aun…pero…

Aunque sabemos que existen diversos géneros literarios, un escritor es, esencialmente alguien que sabe expresarse con esos signos “inventados” para comunicarnos. El término, sin embargo, ha venido mutando en su uso y significación y ahora no son raras las discrepancias en torno a cuando se es o no un verdadero escritor.

¿Se puede llamar así al que simplemente sabe usar el bolígrafo o teclear algún mensaje? ¿Lo es siempre y cuando viva de lo que escribe? ¿Son escritores solamente los que han trascendido mediante sus ideas impresas?

La situación es más compleja de lo que parece en esta selva intraducible donde el arte se ha confundido con el mercado, la calidad con la demanda, la importancia del escritor con su fortuna personal y la posibilidad de ventas con su inversión inicial en publicidad comercial.

Pese a todo, las personas que disponen de vocación y cultura, con pluma ágil y reflexión profunda, llegan más lejos y más hondo en su entorno y época, en ocasiones deben esperar, dada la ventaja que le toman a los contemporáneos, hasta mucho años después de su muerte física para que se le reconozca merecidamente.

En este sentido, es bastante común que quien piense bien también escriba bien y suele "transparentarse" en otras áreas como los son las calificaciones de estudios, el ascenso en el medio laboral, en la emoción que despiertan sus intervenciones orales o escritas, en lo que tiene que ver con su ordenamiento mental del mundo y del buen uso de los términos, en lo comunicacional, y del razonamiento, en lo que a lógica se refiere.

Pero no siempre las condiciones “ambientales” permiten la eclosión del artista, del pensador, del genio o de sus obras. Algunos como Kafka, han pedido que las destruyeran luego de su muerte y como explica Stuart Kelly en su publicación: “La biblioteca de los libros perdidos” (Paidós, Barcelona 2007), existen muchos volúmenes de los que nunca se ha sabido.

En otras ocasiones la censura corta prematuramente la posibilidad de una obra de aparecer ante el mundo. Cuando alguien con el poder suficiente está interesado en acallar algún conocimiento, puede influir para prohibir la difusión de un texto como lo ha hecho la Iglesia Católica durante la Inquisición y los regímenes absolutistas o dictatoriales que prohíben o prohibieron toda forma pensante explícita que no sea la propuesta por ellos.

También se estila el plagio desde hace mucho tiempo. Una especie de robo intelectual donde otra persona de apropia del trabajo ajeno. Esta práctica, penada por la ley, aísla o desvincula al autor de su obra ante el mundo. El derecho de autor puede vulnerarse también mediante la compra-venta de la propiedad intelectual de una obra cuestión que un escritor puede serlo sin figurar en ningún lado como tal.

Surge entonces una pregunta crucial:

¿La libertad de expresión permite entonces la saturación de los medios de material mediocre?

Tal vez es esa permisividad la que se extiende en la superabundancia de información en las bibliotecas y en la masiva verborragia de la web. No siempre la cantidad de palabras determina una buena lectura, no siempre lo hace la complejidad de sus términos, sino más bien un equilibrio entre ambas en un todo completo y con sentido de “cabo a rabo”.

Sin duda que entre el espectro de "libertades" del ser humano, la libertad de expresión es una garantía importante y necesaria. Desde ese punto de vista se defiende cualquier idea escrita protegiéndola de la censura en tanto la "mordaza" no debería tener lugar en una sociedad "avanzada" como pretendemos sea la nuestra.

Pero en el ámbito literario, cuando se considera el conjunto textual en tanto contenido y forma, toda obra está "expuesta" a la crítica ya que la calidad juega un papel importante porque un buen texto se distingue por su capacidad de definir ideas, generar una imagen conceptual nítida de lo que se está tratando sin caer en el error de la doctrina inflexible, ni de la disciplina oracional del purista, ni en la exagerada libertad del pagano.

Se ha mencionado la dificultad que tiene una obra sin "trampolines de influencia o de promoción" para acceder a la crítica masiva y a la selecta opinión de los conocedores de este arte. Los costos de edición para una “tirada” importante suelen ser muy elevados para el promedio de escritores interesados en publicar un libro. Es una realidad ya bastante vieja que no varía.

Sin embargo, las cosas toman otro matiz desde que existe la publicación virtual, las formas de texto digital han dejado una puerta abierta para la "salida al mundo" desde el gigantesco grupo de escritores nóveles, desconocidos aun y que tratan de salir vencedores en una selección " superfiltrada", darwinista, fijada al poder económico y además condicionada por los gustos de las mayorías en tanto a ventas y mercado se refiere.

La Democracia debería tomarse a pecho también esta cuestión de la oportunidad de publicar a escritores que lleven este apelativo con holgura. Que sea la dificultad del arte lo que haga la diferencia y no las trabas económicas las que “decapiten” la vocación de una persona con talento. Los malos escritores con recursos suficientes se auto propagandean y hasta venden aprovechando la aculturación que está sufriendo la lengua que adormece al lector y no le permite distinguir entre la buena y la mala lectura.

Pero la calidad siempre se conserva, como todo lo bueno, y las modas pasan, las trivialidades quedan varadas como noticias que algunas vez brillaron, mientras que inmutables, las obras maestras, la excelencia de la pluma inteligente, así aparezca entre las ruinas de una civilización perdida, será siempre motivo de regocijo para los que tienen la “fineza degustativa” al sentarse a leer un texto.

1 comentario

Anónimo

¡Hola!

Muy bueno el artículo. En lo personal, agrecezco mucho, reconozco, y hasta lo tomo como ejemlpo, a quien habla y escribe algo sustancial, que necesarimente no es producto del momento, sino que se ha tomado su tiempo para pensar y ordenar.

Gracias

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